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Valls, de la piña al calçot

El fuego de la calçotada y la piña que sostiene los castillos.

Valls tiene dos orgullos que se entienden mejor viviéndolos: el fuego de la calçotada y la piña que sostiene los castillos. Aquí la cultura no se mira de lejos, se comparte, se celebra y te mete dentro desde el primer minuto.

La calçotada es mucho más que comer calçots. Es un ritual social que llena mesas largas, patios, brasas y conversación. Y el mundo casteller es emoción pura, con su kilómetro cero en Valls y una tradición reconocida internacionalmente.

Valls, de la pinya al calçot
Valls, de la pinya al calçot

La fiesta que se come con las manos

Mercado, concursos y brasa

La Gran Fiesta de la Calçotada transforma la ciudad a finales de enero o principios de febrero: el ambiente arranca con el Mercado de la Calçotada y sigue con concursos que forman parte del espectáculo, como los de cultivadores, salsas o comedores de calçot.

Los calçots llegan muy tostados sobre una teja, se pelan con los dedos, se mojan en salsa romesco y se comen levantando el brazo, sin complejos. Y cuando ya estás dentro del ritual, llega lo que remata la experiencia: parrillada, pan de campo y allioli, con el sabor de la brasa marcando el ritmo.

La festa que es menja amb les mans

Del brote quemado en la mesa compartida

El origen y la salsa que la firma

La calçotada nace en Valls entre leyenda y tierra. Se cuenta que un campesino descubrió por accidente cómo de dulce era el interior de unos brotes de cebolla pasados por el fuego. El archivo municipal confirma los calçots en Valls a principios del siglo XX, y su origen se entiende bien: vienen de la cebolla blanca tardía, replantada en invierno y 'calzada' con tierra para que crezca más tierna y larga.

El sabor que la firma es la salsa: romesco o, para calçots, su variante llamada salvichada, hecha con bicho. También existe otra primogénita cercana, la del chatón, normalmente con tomate.

Del brot cremat a la taula compartida

Una pasión que se levanta en comunidad

El Museo Casteller y el km 0

Para entender qué es un castillo sin quedarte en la superficie, el Museo Casteller de Cataluña es la puerta de entrada ideal. La visita está planteada como un recorrido que empieza en la explicación y termina en la emoción.

Los castillos no existen sin los castellers: personas que entrenan, se coordinan y confían unas en otras para levantar una torre humana. Cuando quieras verlo en directo, Valls juega en casa. En la plaza del Trigo encontrarás la placa del 'Km 0 del mundo casteller'.

Una passió que s'aixeca en comunitat
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La huella en el mapa